lunes, 23 de marzo de 2026

BUENAS INTENCIONES

     Hay personas que son una contradicción andando. Van por la vida con un gesto que parece rechazo, con palabras que hieren sin querer, con un humor que anticipa tormenta. Y uno las mira y piensa: qué difícil. Pero lo que muestran no siempre es lo que son. No todos, claro. Algunos son exactamente lo que aparentan. Pero hay otros en quienes la irritación es una forma torpe de la ternura, y el malhumor, un modo desprolijo de proteger algo frágil. Detrás de cada acto que sale mal hay una intención que nunca fue mala. Quisieron cuidar y apretaron. Quisieron acercarse y empujaron. Ellos piden, sin decirlo, que no se los juzgue por ese minuto fallido. Porque un mal rato no es una vida entera. Una frase dicha con bronca no cancela años de intentos por ser mejores. Juzgar a alguien por su peor momento es como quedarse con la tapa de un libro y darlo por leído. La empatía es más que ponerse en el lugar del otro. Es entender que ciertas personas son una batalla entre lo que intentan ser y la torpeza con que lo ejecutan. Juzgarlas sólo por la ejecución es no haber entendido nada. Al final, lo que parece filo es, casi siempre, una herida que todavía no encontró su nombre.




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