Lo que desvía no es el dolor. Es la abundancia de cosas que no duelen. Te sentás a pensar y ya hay algo que pide atención. Después otro. Después otro. Ninguno es importante, pero todos exigen lo mismo: un pedazo de tu tiempo. Al final del día no hiciste lo que debías, pero tampoco podés decir en qué se te fue el tiempo. Esa es la trampa: no el fracaso, sino la dilución. Vos querías cambiar algo. Ese algo sigue ahí. No hace falta un método elegante. Se trata de distinguir una cosa entre cien y poner ahí la fuerza. El resto se deja caer. No se ignora por soberbia, sino por necesidad. Porque no alcanza la vida para todo, pero alcanza para una cosa, si a esa cosa le das todo. Llega un punto donde las dificultades parecen formar un solo bloque contra vos. Y lo forman. Pero no necesitás deshacerlo todo. Necesitás moverte. Un paso. Después otro. La cuestión es apartar o empujar el cielo. No sostenerlo. Apartarlo con los brazos, con la espalda, con lo que quede. Hasta dejar un sitio vacío donde hacer lo que decidiste hacer. Hacé eso. Dejá el resto donde está.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
MIRAR DE FRENTE
A veces uno levanta la vista y elige no ver. No por maldad. Porque enfrente hay algo que no se deja ordenar. Entonces fabrica otra cosa...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Llegará un día en que, al abrir los ojos, el futuro ya no será aquel paisaje generoso donde se guardaban todos los comienzos. Seguirá a...
-
Te pasás la vida soñando. Con la casa, con el auto, con ese rincón de paz donde todo esté en su lugar. Juntás plata, pedís créditos, fi...
No hay comentarios:
Publicar un comentario