Lo que desvía no es el dolor. Es la abundancia de cosas que no duelen. Te sentás a pensar y ya hay algo que pide atención. Después otro. Después otro. Ninguno es importante, pero todos exigen lo mismo: un pedazo de tu tiempo. Al final del día no hiciste lo que debías, pero tampoco podés decir en qué se te fue el tiempo. Esa es la trampa: no el fracaso, sino la dilución. Vos querías cambiar algo. Ese algo sigue ahí. No hace falta un método elegante. Se trata de distinguir una cosa entre cien y poner ahí la fuerza. El resto se deja caer. No se ignora por soberbia, sino por necesidad. Porque no alcanza la vida para todo, pero alcanza para una cosa, si a esa cosa le das todo. Llega un punto donde las dificultades parecen formar un solo bloque contra vos. Y lo forman. Pero no necesitás deshacerlo todo. Necesitás moverte. Un paso. Después otro. La cuestión es apartar o empujar el cielo. No sostenerlo. Apartarlo con los brazos, con la espalda, con lo que quede. Hasta dejar un sitio vacío donde hacer lo que decidiste hacer. Hacé eso. Dejá el resto donde está.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
MUDANZA
Se cree que la alegría está en lo que viene. No es así. La alegría ya estuvo. La infancia es la verdadera casa. Todo lo demás es mudanz...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario