Se consiguió todo. Aquello que se creyó necesario para ser feliz fue llegando, uno tras otro, al lugar que le correspondía. Las ventanas, los días, las cosas. Todo en orden. Todo en su sitio. Ya está. Entonces el movimiento se detiene. Porque nada falta. Sólo resta, ahora, una cosa: comprobar si aquello que se persiguió era verdad, o si no era más que un modo de no detenerse. Se hace silencio.Se mira lo que se tiene. Y la respuesta llega con la sencillez de lo que no admite retorno: No era eso. No se quiso eso. Se quiso, tal vez, la paz de no tener que preguntarse. Pero ahora la pregunta está ahí, entre las cosas conseguidas, y ya no se la puede eludir. Ya está. Ahora comienza lo otro.
sábado, 28 de marzo de 2026
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