domingo, 5 de abril de 2026

EL ACENTO

     Los jóvenes conservan ciertas cosas. Una entrada doblada, un botón, una carta que nunca se envió. Las guardan sin saber bien por qué. Pero no es para siempre: nada permanece. Ni la fuerza de ese abrazo, ni la certeza de esa noche. La juventud es ese error hermoso de creer que lo que duele va a durar. Pasa el tiempo y esas cosas se pierden. Lo que no se pierde es el hecho de haberlas querido. Porque uno no es lo que acumula, sino lo que hizo con lo que tuvo. Un sueño fallido sigue siendo un modo de caminar. Una tarde que terminó te cambia la forma de mirar las próximas tardes. Lo vivido se vuelve otra cosa: una manera de estar en el mundo, más callada pero más firme. Al final no te llevás nada. Pero te queda el hecho de haber estado ahí. Te queda la pequeña bronca de haberlo intentado. Y eso, aunque todo se borre, ya no se borra del todo. Porque la juventud no es un recuerdo: es un acento que usás sin darte cuenta el resto de los días.




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