Nadie sabe de qué se trata, esto. Nadie puede decir hacia dónde va. Porque es la primera vez. No hay manual. No hay recuerdo que sirva. Hicimos cosas, claro. Nos levantamos. Firmamos papeles. Cerramos puertas. Abrimos otras. Dijimos "te quiero" en momentos equivocados. También callamos cuando había que hablar. Todo eso pasó. Pero nunca esto: esta manera de estar vivos que, de repente, no se parece a ninguna otra. Como si alguien hubiera movido la luz sin avisar. Como si las preguntas de los niños fueran, de pronto, las únicas verdaderas. ¿Qué estamos haciendo? ¿Para qué todo esto? No hay respuesta. Eso es lo extraño. No porque sea difícil. Sino porque nunca antes se nos ocurrió preguntarlo de verdad. Y entonces ocurre algo. Alguien deja de mover la cuchara en el café. Alguien mira por la ventana y no ve la calle. Ve otra cosa. No sabe qué. Pero no vuelve a bajar la mirada. Ese es el desenlace. No la explicación. La quietud. Porque entender no es la meta. La meta es quedarse quieto, por fin, y no saber nada. Y que eso esté bien. Para empezar.
sábado, 4 de abril de 2026
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