La noche es un mecanismo. Se activa. La alegría no se siente, se cumple. Es un mandato. La música no es arte: es frecuencia. Los otros no son otros; son piezas de un engranaje. Nadie escucha. Todos son terminales de un ritmo que los atraviesa. La mañana apaga el mecanismo. El silencio oprime. El cuerpo pesa. El sabor, metálico. La ropa es sólo tela. Los otros se fueron. Nunca estuvieron. Queda el dato físico: las articulaciones duelen. El pulso, frágil. La fiesta fue un crédito. Este es el vencimiento. Olvidar la muerte era la función. Pero el olvido no anula el límite. Sólo lo posterga. El protagonista mira sus manos. Palmas abiertas. Líneas que no narran. Desgaste. Entonces: la noche no fue escape, fue desvío. El camino vuelve al mismo punto. La línea de meta estaba en el centro de la pista, oculta entre los graves. No la vio. Se incorpora. El piso, firme. Una verdad: todo final espera. La fiesta fue un ensayo. Sólo el zumbido de la heladera. Y las manos vacías.
domingo, 21 de junio de 2026
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EL DESVÍO
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