Dentro de nosotros hay un lugar silencioso. Ningún poder lo toca. Ningún orden lo alcanza. Es simple. Es propio. El mundo pide ruido. Pide entrega. Pide síes constantes. Ese lugar sólo dice no. Un no tranquilo. Un no que es, en sí mismo, un mundo. No es deseo. Es lo que queda cuando el deseo se apaga. Es la libertad de no ser útil. De no ser visto. De ser, simplemente, sin razón. Ceder a eso no es debilidad. Es fuerza. Es bajar a lo real. Abrazar la herida y la luz por igual. Ahí está la verdad. No en lo que se construye, sino en lo que no se negocia. El divino tesoro: un silencio que sostiene todo. Una negación que garantiza la salvación. Porque a veces, la forma más pura de valor es negarse. Y en ese no, nace el único sí que importa.
domingo, 21 de septiembre de 2025
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