miércoles, 24 de septiembre de 2025

VIVIR A MEDIAS

     Miremos de frente a nuestras derrotas. No son catástrofes. Son palabras que callamos. Pasos que, al final, no dimos. ¿Quién no ha soltado algo valioso, tal vez por orgullo? Por miedo a que fuera demasiado para nosotros. Pero la vida se acorta con cada oportunidad que dejamos pasar. No es un capricho. Es esa estúpida pesadez del alma que nos hace renunciar, o esperar un minuto de más, y luego otro. Al fin y al cabo, no es el final inexorable lo que nos aterra. Lo que nos aterroriza es llegar a ese último instante y descubrir, con una lucidez perfecta, que vivimos a medias. Que nuestra propia historia es sólo un boceto, un dibujo abandonado sobre la mesa. La condena más severa nunca es la que imponen los demás. Es el recuerdo imborrable, tranquilo y terrible, de lo que pudo ser y nunca fue. Ese es el verdadero fantasma. El que habita en los cuartos vacíos de la casa que, con un poco más de valor, hubiéramos podido construir.




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