La sabiduría. Un don envenenado. La palabra lo delata: saber. Nace del latín sapere. Significaba tener sabor y tener inteligencia. Sabor y saber. Quien sabe, prueba. Y lo probado habita en él para siempre. Sabio. Como el sappheiros, la piedra preciosa. En ella, dicen, los persas veían el reflejo del cielo. Una claridad fría. Un orden inmutable. Pero todo zafiro guarda una sombra: puede curar la pestilencia, pero también enloquecer con su profundidad. Saber es haber probado. Y haber probado es recordar. No existe goce mayor que degustar lo conocido. No existe tormento mayor que no poder escupir su retrogusto. La paz de quien ha visto. La calma de quien nada añade. En eso se consumen las horas. En eso se extingue el sencillo ardor de la bestia.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LA PAUSA
La gente corre. Pero cuando la carrera se detiene, aparece un vacío. Ese vacío es el único lugar desde donde es posible ver algo. Vivim...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario