Se construye una vida, como quien levanta una casa, ladrillo a ladrillo. Se escogen los recuerdos, se ordenan los días, se pega todo con calma. Con los años, se vuelve un lugar conocido. Uno vive ahí, se siente seguro entre sus paredes. Hasta que un día, una grieta. Nada grave, sólo una raya en la pared. Al principio, es una molestia. Intentás taparla con yeso. Pero la grieta crece, se abre. Y por ahí entra una luz nueva. No es la luz de adentro, es la luz de afuera. Y entonces lo entendés: la pared no se cae, se deshace. Porque nunca fue real. Sólo era una tela pintada con mucho cuidado. Y detrás no hay nada, sólo el vacío y el aire. Te quedás ahí, en lo que era tu casa. No hay vuelta atrás. Porque la verdad no es lo que armás, es lo que sobra cuando ese armado se cae.
viernes, 21 de noviembre de 2025
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