La inocencia no es algo que se pierde. Es la primera verdad. Lo que conocés antes que todo. Ahí aparece lo justo. Ahí se entiende la libertad. Esas ideas llegan limpias. Completas. Después, el mundo. La vida. Te muestran que nada es tan claro. Que todo es más difícil. La inocencia no lo ignora. Lo mira. Y aun así, no cede. No es un recuerdo. Es un músculo. Es la fuerza mínima para seguir. Para querer un mundo mejor, sabiendo que no será perfecto. Para luchar, aceptando que la derrota es siempre posible. Es la parte que no negocia. La que no se cansa. Por eso no es una debilidad. Es la base. El punto de partida. Mientras esté ahí, estás entero. Es lo único que no envejece. Lo que queda cuando todo lo demás se va. Porque siempre se va.
miércoles, 12 de noviembre de 2025
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