Había quienes levantaban catedrales. Otros encontraron el universo en una sola piedra. Mientras ellos construían torres que arañaban el cielo, nosotros comprendimos que toda altura verdadera nace de una raíz oculta. Un alma de hierro. Lo que es esencial rechaza la ostentación. Permanece. Como el clavo que sostiene el cuadro. Como el giro de la llave que, en su exactitud, libera el umbral. Cuando el ruido se apagó, no llegó el silencio. Emergió lo sólido. Lo pequeño no venció. Era, sencillamente, lo único que nunca había estado en juego.
sábado, 29 de noviembre de 2025
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