Decir que todo está mal no es cierto. Lo peor no es caer. Lo peor es no caer nunca. Quedarse quieto. Ver pasar la vida. A veces una puerta debe cerrarse. Que el pestillo suene de un lado, y vos lo escuches del otro. Afuera hace frío. Pero vos caminás. No queda otra. Y el destino es eso: el sonido de tus pasos, donde antes no había nada, llevándote hacia el lugar al que pertenecés. Lo que te mantiene inmóvil es una jaula. Todo cambio suena como un crujido. Es una rajadura por donde pasa la luz. No hay que taparla. Primero hay que verla. Después, pasar al otro lado. El buen marinero sabe que nacer es como caer al agua. El que lucha contra el agua se hunde. El que la conoce se deja ir un poco, y antes de tocar fondo aprende. Aprende a respirar de otra manera. No hay que temer al portazo. La puerta que se cierra no es el final. Es, tal vez, el inicio de un mundo que te espera. El tuyo. El que nace después del ruido, cuando sólo queda el frío y un camino por andar. La verdadera pena no es el dolor. Es elegir una falsa perfección. Un lugar ordenado, sin manchas, sin fallas, sin movimiento, donde nunca entra el viento, ni la luz, ni la vida.
jueves, 11 de diciembre de 2025
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