La transformación fue lenta, casi imperceptible. Terminó por hacer caer un traje ajeno. Mañana tras mañana, el mismo movimiento. Un brazo, luego el otro. Abotonar. Ajustar. Pero, con el tiempo, el traje cambió. Distintos botones. Un nuevo corte. Otro calzado. Día a día, sin ruido. No era buscar. Era soltar lo que no servía. Como quitarse un abrigo pesado una tarde de diciembre. Un día, se miró. No vio al hombre de antes. Tampoco vio a otro hombre. Vio el lugar vacío que dejó el peso. La luz sobre la piel. El aire, al fin, moviéndose. La identidad no se encuentra. Se muestra en el espacio libre que deja lo que ya no es.
sábado, 20 de diciembre de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LO QUE SE QUEDA
Uno aprende, con el tiempo, que algunas cosas se quedan. Una canción. Una persona. Una playa. Un día cualquiera. Una noche. Una tarde q...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Te pasás la vida soñando. Con la casa, con el auto, con ese rincón de paz donde todo esté en su lugar. Juntás plata, pedís créditos, fi...
-
Uno arranca por cualquier lado. No hay otra forma. Nadie sabe dónde queda el principio. Así que agarramos lo primero que viene, un día...
No hay comentarios:
Publicar un comentario