miércoles, 21 de enero de 2026

DOS VIDAS

     Vivís en la superficie. Lo que toca, lo que se mide, lo que garpa: el horario, la pantalla, la comida, el mandato. Es una línea recta. Un cielo único, sin estrellas nuevas. Una máscara, siempre la misma. La sonrisa dibujada. Se borra con un dedo. Es una vida de un único cuarto. Las paredes, visibles. El aire, conocido. Pero algunos abren otra puerta. No es una catedral. No es grande. Es un espacio justo. Una habitación sin ventanas. Ahí no hay mandatos. Ahí el tiempo se multiplica. Ahí guardás lo que no tiene rédito, ni precio, porque no se vende. Lo que no tiene forma, porque es puro inicio. Sin destino. Esas personas viven dos vidas. La visible, que es una línea recta. Y la otra, que es un círculo perfecto, que gira en silencio. Una riqueza que no necesita testigos. Esa segunda vida no se exhibe. Es como el aliento en un día frío: sólo vos lo sentís, una nube, y luego se disipa en el aire. Pero estuvo. No se debe abandonar. Porque cuando se acabe la función, y se caigan las máscaras, sólo esa habitación secreta seguirá en pie. Con su mesa. Con su luz. Y esa será la única dirección verdadera.




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