Vivís en la superficie. Lo que toca, lo que se mide, lo que garpa: el horario, la pantalla, la comida, el mandato. Es una línea recta. Un cielo único, sin estrellas nuevas. Una máscara, siempre la misma. La sonrisa dibujada. Se borra con un dedo. Es una vida de un único cuarto. Las paredes, visibles. El aire, conocido. Pero algunos abren otra puerta. No es una catedral. No es grande. Es un espacio justo. Una habitación sin ventanas. Ahí no hay mandatos. Ahí el tiempo se multiplica. Ahí guardás lo que no tiene rédito, ni precio, porque no se vende. Lo que no tiene forma, porque es puro inicio. Sin destino. Esas personas viven dos vidas. La visible, que es una línea recta. Y la otra, que es un círculo perfecto, que gira en silencio. Una riqueza que no necesita testigos. Esa segunda vida no se exhibe. Es como el aliento en un día frío: sólo vos lo sentís, una nube, y luego se disipa en el aire. Pero estuvo. No se debe abandonar. Porque cuando se acabe la función, y se caigan las máscaras, sólo esa habitación secreta seguirá en pie. Con su mesa. Con su luz. Y esa será la única dirección verdadera.
miércoles, 21 de enero de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
BUENAS INTENCIONES
Hay personas que son una contradicción andando. Van por la vida con un gesto que parece rechazo, con palabras que hieren sin querer, co...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Llegará un día en que, al abrir los ojos, el futuro ya no será aquel paisaje generoso donde se guardaban todos los comienzos. Seguirá a...
-
Uno arranca por cualquier lado. No hay otra forma. Nadie sabe dónde queda el principio. Así que agarramos lo primero que viene, un día...
No hay comentarios:
Publicar un comentario