Existe una felicidad que nos es dada. Es completa. Funciona. No exige elección. Pero, ¿y si la verdadera libertad no consistiera en elegir entre felicidades ya hechas? ¿Y si fuera, más bien, la libertad de construir la propia? No la réplica. Sin manual de instrucciones. Ahora bien, ¿cómo construir en un mundo que no cesa de ofrecerte planos? La publicidad que promete, la tradición que prescribe, el mercado que seduce, la tribu que vigila: todos conspiran para que aceptes su modelo y abandones tu obra. Todo debe ser expuesto, comparado y optimizado. La positividad que agota. Una corriente poderosa que nos arrastra, sonrientes, hacia lo ya terminado, hacia el ideal que se consume a sí mismo. Ahí, en ese silencio sin mapas, uno se encuentra solo con la arcilla de su propia vida. Ahí todo comienza. O quizás, precisamente ahí, todo termina.
jueves, 22 de enero de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LA TRAMA
Uno es vulnerable. La obsesión es creer que eso se tapa con algo grande. El autoengaño es creer que ya lo tapaste. La perfección no exi...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario