Existe una muerte lenta. Llega con los actos que repetimos. Primero construís un ritual. Te protege. Después el ritual se endurece. Te aprisiona. Confundís la cárcel con el mundo. El miedo hace lo demás. El miedo a lo que no tiene nombre. Entonces reducís la existencia a lo que ya conocés. Es una traición elegante. Le llamás "mi vida", pero es sólo su sombra. Lo seguro ocupa el lugar de lo vivo. La batalla es casi invisible. No se trata de gritos. Se trata del café en una taza distinta. La silla en otro lugar. La vuelta a casa por un paisaje diferente. La palabra que ayer no dijiste, hoy dicha. Es un "sí" dicho hacia lo no probado. Un "no" a la tiranía de lo idéntico. Vivir es eso: interrumpir la repetición. Nada más. Entonces entendés: dejás de vivir cuando preferís el guión a la historia. Cuando el mapa te parece más real que el territorio. Nunca es tarde. Tomá la taza con la otra mano. Ahí empieza todo.
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