El primer mate de la mañana. No es sólo un hábito. Es el modo de pasar de la noche al día. Es ese momento justo en que el mundo privado termina y el compartido puede comenzar. Es un límite. Si hay charla, no es para ganar. Es para hacer un lugar. Se pone una palabra, luego otra. Lo que se dice no es lo que importa. Lo que importa es hacer el lugar. Pero a veces, el mate es para uno solo. Entonces la libertad está en lo que no se hace. En dejar que el agua se enfríe un poco más. En mirar por la ventana. En el silencio que uno elige. Es ese pequeño espacio que existe entre lo que se espera y lo que uno hace. Y sin embargo, siempre está ahí, al fondo. Como el recuerdo del olor a pasto recién cortado en la casa de la infancia. Una nostalgia que no es por lo perdido, sino por algo más grande, que está y no se puede tocar. Como saber que hay un libro entero, y tener sólo esta hoja en las manos. Por eso no hace falta complicar las cosas. La respuesta está en lo simple, hecho con respeto. El agua, caliente, pero sin quemar. La yerba, no demasiado apretada. La pausa que se toma su tiempo. Lo profundo no está escondido. Se puede apreciar, si se mira con calma. Lo importante no es lo que se agrega. Es lo que queda cuando se quita lo que sobra.
viernes, 16 de enero de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LA TRAMA
Uno es vulnerable. La obsesión es creer que eso se tapa con algo grande. El autoengaño es creer que ya lo tapaste. La perfección no exi...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario