La envidia es no saber mirar. Ves un logro ajeno, algo bueno, y en lugar de alegría, llega una tristeza. La palabra viene del latín invidere: mirar con malos ojos. No es que el bien del otro esté mal. Es tu mirada la que se nubla. Ves el éxito ajeno y, en vez de inspirarte, duele. Ese dolor es un encierro. No te deja ver el camino. Te estanca. Tomás ese bien, no como un norte, sino como un muro que te separa de algo. No podés admirar. No podés seguir. Por eso la envidia es, al final, una derrota. No le hace nada al que envidiás. Sólo te hace daño a vos. Te quita la posibilidad de superarte, porque te negás a ver con claridad. Te quedás a oscuras, voluntariamente. Afuera todo es luz, y sigue su curso, simple.
sábado, 31 de enero de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
EL OFICIO DE GUARDAR
Hay un modo de querer que consiste en guardar. No hablo de retener, sino de custodiar: saber que lo que el otro nos confía no nos perte...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Una puerta. Está el afuera, y el adentro. Abrir es un acto sencillo: permitir el paso de un lado al otro. La dificultad reside en lo q...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
No hay comentarios:
Publicar un comentario