martes, 17 de marzo de 2026

EL BORDE DE LAS COSAS SIMPLES

     Aprendió en la calle. No había otra. Un hombre que lloraba. Gente que corría sin que nadie los persiga. Después llegó el éxito. Le dijo: vas a ser otro. Él quiso. Se puso frente a las luces. La gente lo miró. Por un tiempo bastó. Una noche volvía solo. Vio a un viejo en un banco, comiendo algo envuelto en papel de diario. No quería ser visto. Sólo estaba. Y él sintió algo. Como si todo lo que había construido fuera una casa de cartón. La lluvia la iba a deshacer. En una esquina compró una focaccia. Estaba tibia. La mordió ahí, parado, mientras unos pibes pasaban en bicicleta. No pasaba nada. El pan tenía gusto a pan. Pensó que tal vez la vida era eso: un pan tibio y una vereda. Nada más. Pero todo. Mordió otra vez. Y en la miga caliente entendió que hay que ser fuerte para quedarse en el borde de las cosas simples.




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