A veces uno levanta la vista y elige no ver. No por maldad. Porque enfrente hay algo que no se deja ordenar. Entonces fabrica otra cosa. Una versión. Una disposición de luces que resulta más tolerable que lo real. La cuida, la repite, y con el tiempo esa versión se vuelve verdad. Pero lo que pesa sigue allí. No desaparece porque uno haya desviado la mirada. La empatía es otra operación. Más simple. Consiste en no fabricar nada. En dejar que lo que pesa entre, ocupe un lugar, se quede. Eso que, mirado de frente, ya no admite versión alguna.
martes, 31 de marzo de 2026
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