Sobre la arena, dos hombres se pasan una pelota. El objeto viaja de un cuerpo al otro con una precisión sencilla. No hay red, no hay arco. Sólo la exigencia de que la pelota no toque el suelo. Lo que los dos ignoran es que aquello no es un juego. Es un juicio. La regla, secreta, establece que el que demuestre mayor destreza será condenado a repetir este mismo acto hasta el fin de sus días. Convertido en prisionero de su propia perfección, deberá enfrentarse siempre a nuevos adversarios en la misma playa. El que falle, en cambio, obtendrá la libertad: podrá alejarse, mezclarse con la multitud, vivir sin gloria. La pelota está en el aire. Uno de los dos, todavía sin saberlo, está a punto de perder. Y esa derrota, precisamente esa, será su única victoria.
miércoles, 1 de abril de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LOS AHORAS
Hay quienes aplazan la vida. Guardan las preguntas en un cajón, miran el calendario como si fuera un desierto y piensan: después. Cuan...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario