Sólo se valora lo que se paga. El trabajo. El resultado. La hora vendida. Eso importa. Eso llena las agendas. Pero eso no alcanza. Para que un número sea cierto, hace falta un rato sin calcular. Para decidir bien, hace falta un minuto sin hacer nada. Para no cansarse hasta ser tonto, hace falta una pausa inútil. Esa pausa no vale nada. Por eso nadie la cuida. Pero es lo único que sostiene todo. Un mundo que sólo festeja lo rentable se vacía. Rendir sin parar no es fuerza: es agotamiento. Y el agotamiento no piensa. Repite. Lo que sostiene todo no es otra hora de trabajo. Es el momento inútil. La mirada al vacío. El silencio sin fin. Si se saca eso, todo lo demás se cae. No rápido. Pero se cae. Y al caer, olvida que estuvo en pie. El vértigo era el único piso. El mundo gira en falso: nunca aprendió a sostener.
jueves, 2 de abril de 2026
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