La gente se encuentra como dos fichas en el mismo número. Caen juntos, pero la ruleta sigue girando. Nadie aprende la receta. El amor necesita tiempo y renuncia. Y ya nadie lo da. Necesita una decisión, no un golpe de suerte. Porque el amor no es sumar. Es saber restarse. Pero vivimos como si la indiferencia fuera elegancia. La mesa está puesta, pero siempre falta alguien. No duele. Ya ni siquiera se juega. Porque todo está demasiado cerca, y lo que no tiene sombra no puede ser amor.
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