Hay dos formas de desear. La primera mira las cosas. Ve un objeto y dice: lo quiero. Ese deseo no te suelta. Persigue, exige, agota. Si lo consigue, el placer dura sólo un instante, y queda el vacío. Si no, queda la frustración. Esa es la trampa de la falta: nunca termina. La segunda no necesita un objeto. Es un estado de atención. Como cuando uno abre un libro sin saber qué va a leer, y las primeras líneas ya lo atrapan. O cuando espera un colectivo sin apuro, y mira la calle sin esperar nada. No hay ansiedad. Esa segunda forma no aprieta. Abre. Porque no necesita poseer para sentirse llena. Es la actitud de quien está listo, como una mesa vacía que espera lo que llegue. Quien vive así no depende de lo que tiene, sino de lo que es. Y eso no se pide ni se compra. Sólo se practica, sin la urgencia de agarrar nada.
martes, 7 de julio de 2026
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EL BLANCO
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