El uno no tiene nombre. No tiene cara. No está en ningún lado, pero está en todo. Es lo que se dice, lo que se piensa, lo que se hace. Sin que nadie lo haya dicho, sin que nadie lo haya pensado, sin que nadie lo haya hecho. Vos no decidís. El uno decide por vos. Y vos lo agradecés, porque es más fácil. No hay que elegir, no hay que arriesgar, no hay que responder. El uno es una máquina de respuestas ya hechas. Y funciona tan bien que vos ni siquiera notás que está funcionando. Pero hay un precio. Vos no sos vos. Sos el otro. Sos todos. Sos nadie. La vida se vuelve una copia. Una copia de copias. Vos repetís, repetís, repetís. Y creés que estás viviendo. Pero estás repitiendo. Nada más. Entonces, ¿qué hacer? No mucho. Casi nada. Dejar de repetir. Callar. Mirar algo que no tenga nombre. Algo que no sirva para nada. Algo que nadie haya nombrado antes. Eso no lo dice el uno. Eso no lo piensa el uno. Eso es tuyo. Y en ese instante, sin gritar, sin hacer nada raro, vos dejás de ser todos. Vos sos alguien. Uno, nada más. Pero uno de verdad.
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sábado, 1 de agosto de 2026
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TODOS, NADIE
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