Es fácil amar lo que se ve. Una cara, un cuerpo, la luz de una tarde. Entra por los ojos y uno cree que se queda. Pero no. Todo eso se va. No hay manera de retenerlo. Hay otra forma. Se puede aprender a mirar lo que no tiene forma. El modo de ser de una persona. Eso que lleva dentro y que nunca se muestra del todo. Eso no se va. Eso queda. Porque nunca dependió del tiempo. Con los años se entiende: las cosas que valen no se tocan. Y sin embargo son las únicas que, cuando todo pasa, siguen estando. Quien puso los ojos solamente en lo que brilla, cuando llegue la noche se quedará a oscuras. Quien quiso sólo la copa -esa copa tallada que estaba siempre en la mesa-, cuando la copa se rompa se quedará con las manos vacías. Pero quien aprendió a querer lo que no tiene forma, lo que no pesa, lo que no se ve, ése descubrirá que lo que ama no puede romperse ni apagarse. Cuando todo lo demás termina, eso que amó empieza a estar con él de otra manera. Y descubre entonces que el para siempre no es algo que empieza después, sino algo que ya estaba.
domingo, 8 de marzo de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LA TREGUA
A veces uno se sienta con un papel y un lápiz, y quiere entender. Piensa que si ordena bien las ideas, va a encontrar una respuesta. Y ...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Llegará un día en que, al abrir los ojos, el futuro ya no será aquel paisaje generoso donde se guardaban todos los comienzos. Seguirá a...
-
Hay personas que viven rodeadas de cosas hermosas. Las miran, las eligen, las acomodan. Saben de maderas y de telas, de luces y de esp...
No hay comentarios:
Publicar un comentario