La certeza es algo que cabe en la palma de la mano. La gente, sin embargo, prefiere los grandes sistemas. Recorre caminos enredados, construye teorías que no cierran, viaja años para llegar a ninguna parte. Un hombre perdió las llaves. Buscó durante horas. Revisó cada bolsillo, cada cajón, cada rincón de la casa. Nada. Entonces, cansado, se sentó en el suelo. Y allí, a simple vista, estaban las llaves. Las había dejado caer al entrar. Para encontrarlas, no hizo falta más que mirar con atención. Pero él había perdido todo ese tiempo en pensamientos complicados, en sospechas inútiles, en recorridos imaginarios. Mirar el suelo fue todo. Volvió a su casa -porque en realidad nunca se había ido-, dejó las llaves sobre la mesa. Y ya no hizo falta nada más. No se trataba de una revelación. Tampoco de una enseñanza moral. Sólo de un gesto mínimo: la forma de la respuesta. Algo que se tiene en la mano, no en la cabeza.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
DESPERTAR
Despertar es, siempre, perder algo. Lo que soñamos se desvanece con la luz del día: queda un color, una frase, una sensación sin nombr...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario