Una baldosa rota en la entrada de una casa. Una taza con el borde cachado. Una ventana que no cierra del todo. Esas cosas también son historias. No hace falta que ocurra nada extraordinario. No hace falta que alguien grite o corra. A veces una historia es apenas un detalle que se queda quieto, esperando que alguien lo mire y diga: esto es mío. Uno suele pensar que la vida está hecha de momentos decisivos. Pero los momentos decisivos casi nunca se reconocen en el momento. Se parecen más a una baldosa rota, a una taza cachada, a una ventana que no cierra del todo. Cosas simples. Cosas que están ahí. La pregunta no es si tu historia es interesante o aburrida, trágica o feliz. La pregunta es si te animás a aceptar que estás dentro de una. Y que esa, cualquiera sea, es la única que te toca. A lo mejor no hay una historia que valga más que otra. Lo único que vale es el momento en que dejás de preguntarte si estás en la correcta y simplemente estás.
lunes, 20 de abril de 2026
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