El primer día no hubo luz. La luz ya estaba. Cansada. El hombre despierta sobre el cemento. La mujer cuenta piedras. No se hablan. No hace falta. Arriba, el cielo es una chapa gris. Abajo, el polvo sube cuando ellos caminan. Ellos juntan escombros. Hacen una pila. La pila es una casa. La casa se cae. Vuelven a empezar. Ninguno dice “Dios”. Pero a veces, al atardecer, la mujer escribe en una pared: “Mañana”. El hombre borra el letrero con la mano. Escribe: “Hoy”. No es triste. Es lo que hay. Crear es ordenar restos. El caos es no moverse. Ellos se mueven. La última noche, él apoya una baldosa junto a otra. Ella mira. Él pregunta: “¿Queda bien?”. Ella asiente. No hay fin del mundo. El mundo ya terminó muchas veces. Esto es el después del después. El fin del fin es otro principio. Y es hermoso porque es simple. Porque siguen poniendo una piedra arriba de la otra. Sin motivo. Sin premio. Porque sí.
viernes, 17 de abril de 2026
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