Junio. Los primeros días. La vereda está cubierta de hojas secas. Algunas amarillo pálido. Otras, marrón casi negro. Unas pocas conservan un costado anaranjado, tibio. El hombre se detiene. No es poeta. No busca lección. Pero mira. No una hoja perfecta: muchas. Cada una con su tiempo. El árbol arriba está casi desnudo. No triste. Aliviado. El hombre piensa en lo que retuvo. Un trabajo que ya no era suyo. Un amor que ya no era cierto. Todo adentro, apretado, como un puño. Ahora mira las hojas. Piensa que el puño se cansa. Y también que mayo se fue. No avisó. Simplemente se fue. Como esa hoja marrón que toca y se deshace. No duele. Sigue caminando. Crujen. No es un lamento. Liberación. El jardinero pasará por la tarde. Limpiará todo. Está bien. La madurez no es acumular. Es saber soltar. Como ese árbol. Como ese mayo que ya no está.
lunes, 1 de junio de 2026
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OTOÑO
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