Hay personas que miran la luna llena y ven un objeto redondo a una distancia precisa. Se levantan cada mañana, trabajan, cumplen. La vida las encuentra siempre en su lugar. Su esfuerzo es constante, silencioso, eficaz. No piden más que lo que pueden tocar. Otras miran la misma luna y ven una invitación. Saben que no pueden alcanzarla, pero eso no las detiene. Quieren lo grande, lo lejano, lo que brilla sin motivo. Son ambiciosas y soñadoras a la vez: una combinación extraña que las mantiene enteras. A veces, crecer consiste en guardar la memoria de lo que una vez se deseó sin cálculo. Unos la guardan. Otros la transforman en otra cosa. Ambos hacen bien lo suyo. Unos construyen caminos. Otros caminan hacia el horizonte.
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