Una persona ordena los papeles sobre la mesa. Los alinea. Los clasifica. La gente cree que es ordenada por naturaleza. Pero adentro tiene un caos que la aterra. Ordenar los papeles es calmar ese caos. Sin papeles ordenados, se perdería. Otra persona habla sin parar de la sinceridad. La defiende. La exige. La gente piensa que es sincera. Pero miente con frecuencia. Por eso necesita recordarse que la sinceridad existe. La nombra para no olvidarla. Otra persona escribe normas para los demás. Dice cómo vivir, cómo pensar. La gente admira su seguridad. Pero tiembla cuando está solo. Las normas son su refugio. Cada uno busca lo que le falta. El que grita la calma es el que está nervioso. El que predica la bondad es el que siente rencor. El que enseña a soltar es el que aprieta los dientes. No hay malicia. Sólo necesidad. Uno no es lo que dice. Uno es lo que necesita decir. Y lo que repite con más fuerza es lo que nunca tuvo.
sábado, 25 de abril de 2026
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