La gente normal se adapta. Eso está bien. Pero hay otros. A esos otros no se los puede comprar. No porque sean rebeldes. Porque conservan algo que los hace frágiles: sienten lo que pasa, les duele el dolor ajeno, mantienen una dignidad que no negocian. Entonces la sociedad los deja afuera. Y ellos dudan. Se preguntan si el problema son ellos. Sufren. Sin embargo, tienen una lucidez extraña. No es la neurosis del que se amolda a un mundo enfermo. Es la cordura del que vive entre locos. Si resisten. Si aprenden a valerse por sí mismos. Esa lucidez los sana. Y un día ya no están solos. No porque alguien haya venido. Porque ya no les hace falta.
domingo, 12 de abril de 2026
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