Una era termina sin hacer ruido. No es por una decisión. Termina porque sí, como se acaba el pan sobre la mesa. Uno mira alrededor y ya no quedan ni migas. Entonces comprende: aquello que fue ya no será. No duele. Se ve. La era anterior funcionaba con ciertas reglas. Uno sabía cómo hablar, cómo querer. De pronto, esas reglas no existen: son como un mapa de una ciudad destruida. Y ahí empieza la otra era. Vacía. Blanca. Sin instrucciones. No da miedo. Da lo que da mirar un campo recién arado. Todavía no hay semillas, pero la tierra está abierta. Y con eso ya hay algo. Lo que cura es ese silencio: no tener que hacer nada más que estar ahí, entre lo que se fue y lo que todavía no llega. Uno cierra una puerta. No sabe si hay otra. Pero la mano, sin pensarlo, busca el picaporte. Eso es empezar otra vida.
miércoles, 15 de abril de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
DUENDE
En Japón lo llaman wabi-sabi. No se trata de que lo roto sea bello. Es que, a veces, en lo roto, aparece algo. La voz gastada de Robert...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Una puerta. Está el afuera, y el adentro. Abrir es un acto sencillo: permitir el paso de un lado al otro. La dificultad reside en lo q...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
No hay comentarios:
Publicar un comentario