Una persona mira por la ventana. No espera nada. No mira el celular. No piensa en lo que sigue. Sólo mira. Afuera, cae una hoja. Un perro ladra. Alguien cierra una puerta. Eso es todo. La cultura actual dice: produce, responde, acumula. Pero mirar una hoja que cae no produce nada. Y sin embargo, esa persona está más viva que nunca. Porque estar vivo no es hacer. Es dejarse tocar por lo que pasa. Otro ejemplo: dos personas comen juntas en silencio. No hablan. No miran pantallas. Sólo comen. Ese silencio compartido vale más que mil conversaciones apuradas. Otro: un padre y su hijo caminan. No van a ningún lado. No aprenden nada útil. Sólo caminan. Ese paseo, vacío de metas, está lleno de presencia. El mundo no necesita más actividad. Necesita personas que sepan detenerse. Porque detenerse no es perder el tiempo. Es, por fin, usarlo bien.
sábado, 2 de mayo de 2026
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