La buena educación no está en las palabras, sino en los hechos. En cómo se recibe al que llega con otra lengua, otra ropa, otra manera de vivir y de morir. Algunos creen que eso está mal. Entonces ayudan. Pero su ayuda no es más que una manera de decir: no me gusta cómo sos, cambiá. Hay otra manera. Más rara. El que está adentro dice: pasá. Sin condiciones. Sin pedir nada. Eso no se negocia. Se hace. O no se hace. Si no se hace, si la puerta se cierra, el que se fue no tiene la culpa. La culpa está en la casa. El mundo no se divide entre los iguales y los distintos. Se divide entre los que abren y los que no. Abrir. Eso es todo. Eso es lo que hacen los que construyen un lugar donde vale la pena quedarse.
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LA BUENA EDUCACIÓN
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