La buena educación no está en las palabras, sino en los hechos. En cómo se recibe al que llega con otra lengua, otra ropa, otra manera de vivir y de morir. Algunos creen que eso está mal. Entonces ayudan. Pero su ayuda no es más que una manera de decir: no me gusta cómo sos, cambiá. Hay otra manera. Más rara. El que está adentro dice: pasá. Sin condiciones. Sin pedir nada. Eso no se negocia. Se hace. O no se hace. Si no se hace, si la puerta se cierra, el que se fue no tiene la culpa. La culpa está en la casa. El mundo no se divide entre los iguales y los distintos. Se divide entre los que abren y los que no. Abrir. Eso es todo. Eso es lo que hacen los que construyen un lugar donde vale la pena quedarse.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
TRES MINUTOS
Llegó a la estación. Compró un boleto. Miró el reloj: faltaban tres minutos. Se sentó en un banco. Se quitó el zapato izquierdo. Dentro...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario