domingo, 31 de mayo de 2026

TRES DÍAS SIN INTERNET

     Eran casi las dos de la tarde cuando el hombre, en su cama de terapia intensiva, señaló el teléfono que cargaba junto a la mesita de luz. - ¿Alguien discutió algo? - preguntó con la voz rota. Su hija levantó la vista. Tenía la tablet sobre las piernas, apagada. - No hay internet desde hace tres días, papá -dijo-. Nadie discutió nada. El hombre había pasado veinte años debatiendo política en foros y grupos. Corregía al adversario con párrafos perfectos. Coleccionaba validaciones. Ahora, con los pulmones llenos de líquido, entendió que toda su certeza no pesaba más que un "me gusta" sin dueño. Pensó, entonces, en todas las réplicas que jamás escribiría. En los errores ajenos que quedarían sin corrección. En el mundo que seguiría discutiendo sin él. Y supo que la muerte no pide opinión: sólo corta la conexión. Cerró los ojos. - Quedate un rato más -dijo. Ella encendió la tablet. Buscó un juego. Y se quedó, mientras afuera, en alguna parte, la discusión seguía sola.




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