Los días sin nada. Sin hora. Sin nadie. Uno se sienta y dura. No hay que armarse. No hay que dar pedazos. Pero la vida es corta. Corta y justa. ¿Qué voy a dar? Lo que tengo: torpeza, timidez, restos. Eso doy. Eso soy. Y entonces el día vacío ya no sirve. Porque un espejo entero y solo es un espejo que nadie mira. Mejor roto, pero con alguien del otro lado.
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