Uno necesita a alguien para decir las cosas sin armarlas antes. Para llegar y soltar. Porque con el tiempo, aunque uno sea valiente, termina en un cuarto vacío. No importa la gente alrededor. La falta es otra. Hay una clase de compañía que no hace ruido. Alguien que escucha sin preparar la respuesta. Eso no se compra. Se encuentra por azar o se construye con paciencia. Pero cuando existe, la soledad no desaparece: se vuelve menos pesada. Basta con esa sola persona. No importa quién sea. Podría ser cualquier otro. Pero es ella. El resto, si viene, viene después.
miércoles, 10 de junio de 2026
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