Señor, se equivoca. Mira la alacena y cree que cada frasco está en su lugar: felicidad, dificultad, tristeza, esperanza. Pero no es así. La felicidad no endulza. Ocurre en el momento en que uno elige avanzar. La tristeza no humaniza. La humanidad es sostener el peso sin saber si el brazo resistirá. No hay una única oportunidad. Hay una serie de cruces. Decir que sólo hay una es una excusa para no atender cada paso. La esperanza no es capital que se gasta. Es tensión que se renueva cada mañana. La felicidad no es la meta. Es el modo de pisar. Se construye sin plano, sin medidas. Y cuando termina, lo que queda no es dulce, ni fuerte, ni humano, ni feliz. Queda la obra. Vivirla es suficiente. Todo lo demás, simular.
martes, 23 de junio de 2026
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CRUCES
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