Mirar no es recibir una imagen ya hecha. Es construir algo con lo que vemos. Cuando miramos a alguien, no captamos su esencia: armamos una figura en función de lo que miramos y de lo que tenemos adentro. La mirada es un espacio que ocupamos, un lugar que vamos conociendo con el tiempo. El otro no es un dato fijo, sino una imagen que nuestra atención mantiene viva. Si aflojamos la atención, esa imagen se empieza a borrar. No es que el otro cambie; es que nosotros dejamos de hacer el trabajo. Lo que vemos no se posee, se sostiene. Y sostener es un acto que hay que renovar cada día. Si un día lo abandonamos, la imagen se apaga. Mirar es estar presente. Interrumpir la mirada no es perder a alguien, es simplemente pausar un oficio. Y todo oficio admite pausas. Pero cuando uno retoma el ritmo, algo cambia: la pausa no fue un vacío, fue un descanso donde la imagen aprendió a ser sombra. Al volver, no recuperamos la misma figura de antes. Empezamos de nuevo, con el mismo cuidado, pero sin intentar calcar lo que fue. Porque sostener no es conservar intacto: es volver a comenzar, recordando lo que pasó, pero sin repetirlo mecánicamente.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
EL OFICIO DE MIRAR
Mirar no es recibir una imagen ya hecha. Es construir algo con lo que vemos. Cuando miramos a alguien, no captamos su esencia: armamos...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario