El miedo no se vence con trucos: es una puerta. La mayoría no la abre. Yo aprendí que el único modo es abrirla del todo. Porque quien se cuida del dolor no lo aleja: lo deja ahí, creciendo, mientras mira desde lejos. Llega un día en que no hay más vueltas. La enfermedad, la pérdida, el amor que se va. Hay que meterse de lleno. Caer en el centro de lo que viene. Como quien se arroja al agua sin saber nadar, pero sabe que hay fondo. Cuando uno siente el miedo hasta el final, el miedo se termina. No porque desaparezca, sino porque ya no es un fantasma: es una cosa con nombre. Algo que se puede mirar de frente. Y, una vez que lo ves, podés decir: ya sé qué es esto. Ya lo viví. Ahora lo dejo. No es que uno deje de querer. Es que uno deja de creer que eso es todo. Así que ahora abro la puerta. Dejo que pase. Siento. Y, cuando no queda nada, sigo.
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jueves, 6 de agosto de 2026
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EL PASO
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