La ciudad de vidrio no deja marcas. Caminar es repetir el mismo paso sobre el mismo piso. Los otros pasan, hacen, cumplen. Hablar es completar casilleros. La tecnología hizo los días idénticos. El hogar es una estación de paso. El tiempo siempre pide algo nuevo. La actualización del sistema. Uno se mira en la pantalla y no se reconoce. Es un número, un perfil, un saldo. Nada más. Dos caminos: entrar de lleno al juego, hacer que los vínculos rindan, sonreír en el momento justo. O salir. Pero salir es otra jugada. La fuga se vende. El problema es que ya no hay tierra sin cartel de venta. Lo que uno busca ya tiene precio. Entonces uno se detiene. No juega. No se va. Mira el vidrio y entiende: la única salida es no salir. Detenerse. Simplemente porque eso, justo eso, el progreso no pudo comprar.
viernes, 28 de agosto de 2026
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DÍAS DE VIDRIO
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