miércoles, 2 de septiembre de 2026

POLVO DE ESTRELLAS

     La noche es un vidrio empañado. Apoyás la frente y ves luces que ya se apagaron hace millones de años. Así son las señales de la vida: llegan cuando ya no sirven. Cada decisión que no tomaste sigue flotando por ahí, como basura espacial. Podrías haber dicho sí, podrías haberte ido, podrías haber vuelto. Pero no. Ahora esas posibilidades viajan solas, y las ves pasar desde la ventana de un tren que no frena. El control es una baranda en un barco que ya zarpó: te da seguridad, pero no cambia el rumbo. Las estrellas explotan para que haya otros mundos. Las personas se van para que otras lleguen. Las certezas se rompen para que entre el aire. La única verdad es el movimiento. Y vos, que creías estar quieto, ya no sos el mismo de hace un minuto. El universo no pide permiso. Sigue. Vos sólo podés hacer una cosa: soltar el vidrio y vivir como si cada instante fuera el único. Porque lo es. El resto es polvo.






martes, 1 de septiembre de 2026

FLORES EN LA VENTANA

     El invierno no es una estación del año. Es un humor. Uno se termina acostumbrando. Los días son todos iguales, uno tras otro, y las rutinas también. Abrís la puerta, la cerrás, y adentro todo sigue exactamente igual. El amor no viene a solucionar eso. Viene a decirte que se puede hacer algo distinto. No es cuestión de que te den, es cuestión de que des. De mirar a alguien y decir "de esto me encargo yo". Entonces ponés una maceta en la ventana. Todas las mañanas hay que echarle agua. No hay más ciencia que esa: hacerlo siempre. La esperanza, al final, es eso: hacer una y otra vez lo mismo sin que te canse. Te puede pasar a los veinte, te puede pasar a los setenta. La edad no es la que manda. Lo que manda es el momento en que dejás de dar vueltas al pasado y te ponés a hacer. Y un buen día, sin darte cuenta, la tierra se abre. Aparece un tallo verde, finito, que no estaba antes. Y después otro. Y después una hoja. Y después, cuando menos lo esperás, la flor está ahí. La mirás, y te das cuenta de que nunca fue la flor. Siempre fue esa mano que se estiraba todas las mañanas sin esperar nada a cambio. Pero la flor llegó igual. Como premio, como señal, como recordatorio de que las cosas que se cuidan, tarde o temprano, terminan floreciendo.




POLVO DE ESTRELLAS

     La noche es un vidrio empañado. Apoyás la frente y ves luces que ya se apagaron hace millones de años. Así son las señales de la vida: ...