La noche es un vidrio empañado. Apoyás la frente y ves luces que ya se apagaron hace millones de años. Así son las señales de la vida: llegan cuando ya no sirven. Cada decisión que no tomaste sigue flotando por ahí, como basura espacial. Podrías haber dicho sí, podrías haberte ido, podrías haber vuelto. Pero no. Ahora esas posibilidades viajan solas, y las ves pasar desde la ventana de un tren que no frena. El control es una baranda en un barco que ya zarpó: te da seguridad, pero no cambia el rumbo. Las estrellas explotan para que haya otros mundos. Las personas se van para que otras lleguen. Las certezas se rompen para que entre el aire. La única verdad es el movimiento. Y vos, que creías estar quieto, ya no sos el mismo de hace un minuto. El universo no pide permiso. Sigue. Vos sólo podés hacer una cosa: soltar el vidrio y vivir como si cada instante fuera el único. Porque lo es. El resto es polvo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
VOZ BAJA
Hay una cultura que no se mide en fechas ni números. No es saber mucho. Es una forma de estar vivo sin anestesiarse ni romperse. Se rec...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Una puerta. Está el afuera, y el adentro. Abrir es un acto sencillo: permitir el paso de un lado al otro. La dificultad reside en lo q...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
No hay comentarios:
Publicar un comentario