Hay una palabra que a veces usamos para no decir otra. Accidente. La decimos sin ruborizarnos. Como si el deseo fuera una baldosa floja y nosotros, distraídos. Como si entrar en otro cuerpo fuera caerse sin querer. Hay algo de eso, es verdad, pero nadie ama por accidente. Se ama por hambre. Por ese hueco que uno cree que otro puede llenar. Y no puede. Nunca puede. Y entonces aparece la verdad, que no es un error: es una forma de seguir viviendo mirándose. El amor no es un sentimiento. Es una práctica. Y las prácticas se eligen todos los días, un poquito, como se riega una planta. Cuando te querés acordar, floreció. La confianza tampoco se rompe. Se construye. Y cuando termina de crecer, ya no hay nada que discutir. Sólo esa cercanía incuestionable, ese respeto de dos que se eligen. No hay portazo. Sólo alguien. Al lado. Todavía.
sábado, 12 de septiembre de 2026
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ACCIDENTE
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