Hay personas que no se abren a cualquiera. No porque sean difíciles, sino porque conocerlas de verdad lleva tiempo. Uno las mira y cree que ya las conoce, pero verlas no es lo mismo que llegar a ellas. Casi siempre vienen de historias duras. Tienen marcas que no se ven. Para acercarse hay que tener paciencia, hay que animarse a compartir algo propio. No es gratis, pero vale la pena. Y cuando uno logra entrar, se da cuenta de que esas personas son un regalo. No dejan un recuerdo cualquiera. Dejan algo bueno en uno. Algo que te mejora y se queda para siempre.
jueves, 10 de septiembre de 2026
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