Un día cualquiera uno abre la puerta y afuera hay otra cosa. No es que las flores aparezcan de golpe ni que los pájaros se decidan a cantar al unísono. Es que el mundo deja de defenderse. Las cosas se muestran tal como son, sin sombra, sin esfuerzo. Uno camina y todo está a mano. Eso es la primavera. Una vez. No vuelve. Después vienen las otras estaciones. El calor que aprieta, la caída, el frío. Cada una con su propia forma de quedarse. Pero adentro queda ese rescoldo. Una brasa que no se toca, que no se gasta, que sostiene lo que venga. El que tuvo esa primavera una vez, tiene todo. El que no, la espera toda la vida.
lunes, 21 de septiembre de 2026
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