El vacío no duele. Es un peso que aplasta todo: la luz, la gente, las palabras. Nada entra. Nada sale. Uno está ahí, quieto, viendo pasar un mundo que ya no toca. Olvidó cómo se enciende algo adentro. La alegría suena a frase hecha. Se respira por inercia. Pero esto no es un final. Es un punto fijo. Y todo punto fijo se puede mover. La resignación es el único error verdadero: creer que esto es para siempre. No lo es. Nunca lo es. La vida no es algo que se recibe. Es algo que se hace con lo que hay. Con lo que queda. Y lo que hay, aunque gris, todavía se puede moldear. El cambio no pide actos heroicos. Pide uno solo: negarse a hundirse. Romper la inercia es el primer acto. Después, el resto aparece. O uno empuja el día, o el día lo empuja a uno. La decisión es de a quién se obedece.
lunes, 20 de julio de 2026
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